lunes, 17 de junio de 2013

Amor a contrarreloj


Querido tú,

Si, tu. Siempre has sido tu. ¿Como fue que todo sucedió tan rápido?
Dos mundos opuestos se atrajeron. No sé si tu realidad era la mía. Lo vivimos como un sueño en su más plena intensidad. Una carrera contra el tiempo que comenzó a correr el día que te conocí, y no paró desde entonces. Eras el niño desaliñado que esta princesa particular había estado buscando.

Miradas, sonrisas, gestos... pequeños detalles que revelaban más que cualquier palabra podría decir. Y sin apenas conocernos, sucedió, el primer beso llegó, hermoso, terrenal y breve, seguido de unos cuantos besos más a escondidas en algún lugar perdido del pueblo.

Día tras día la tensión entre nosotros iba creciendo. Pero el tiempo nos jugó una mala pasada, corría en nuestra contra y lo nuestro iba hacía un final anunciado.

Una noche fugaz. Pocas horas quedaban para mi partida. Última oportunidad para dar rienda suelta a nuestra pasión. Queríamos vivir nuestro amor, y subimos en tu moto buscando perdernos de las miradas y las criticas del resto de gente. 

Pocas palabras bastaron, lo nuestro era pura química. Y, entre besos y caricias, me convertí en prisionera de tu deseo. Me dejé llevar por el ansia de besar tus labios, de sentir esas manos tibias recorriendo cada esquina de mi cuerpo. Me deje caer en tus brazos como si no hubiese fin. Me hundí en los resquicios de tu cuello, besándolo,  mostrándote que no quería que ese momento terminara, o por lo menos, no tan pronto. Quería sentirme viva, perderme en tu cuerpo. Deje todo a un lado y no pensé en nada más que no fuésemos tu y yo. La pasión no cesaba, los besos cada vez eran mas y las ganas de irnos menos. Me quitaste todo, menos la sonrisa. 

En mi cabeza no había mejor manera que esa para una despedida. Un adiós diferente, sin dolor. Solo alegría y fuerza, pasión y decisión, dejándonos llevar por las caricias insaciables de dos cuerpos que jugaban en la oscuridad. Fue nuestro momento; tu fuiste mio y yo fui tuya. Una noche mágica, de la que la luna y las estrellas son testigo. Sabía que esa sería la última vez que te vería, que en pocas horas volvería a mi vida, a mi ciudad, y fotografié ese momento en en mi mente para no olvidarlo jamás. 

Dos semanas, quince días, poco tiempo para disfrutar pero que nosotros bien supimos aprovechar.
Pasó el tiempo y aún sigo con tu olor impregnada en mi piel que me recuerda a cada segundo que hubo un día en el que formaste parte de mi.

Puede que este no sea el cuento con el que soñé. Puede ser que los príncipes no existan, ni que las princesas los esperen encerradas en lo alto de un torreón. Puede que esta solo sea la historia de dos niñatos inmaduros, pero no me importa. No me importa porque me has enseñado a vivir cada momento como si fuese el último. Y aquí estoy ahora, recordando esos días, con sus veinticuatro horas en los que me hiciste la persona más feliz del mundo. Y solo puedo darte las gracias por ello. 

GRACIAS.

PD: Nunca te olvidaré.




1 comentario: